Hace pocos días conocí al papá de un bebito con síndrome de
Down (SD) que me confesó: “¿sabés cuál es mi mayor miedo? Que un día venga un hijo
de p… y le diga algo a mi hijo”.
Todos los papás de hijos con discapacidades sufrimos, en
algún momento de la vida, el temor de que nuestros hijos sean discriminados y
maltratados. Cuando nació Faustina, muchas personas con familiares con SD me
contaron situaciones de maltrato y discriminación y me advirtieron que
estuviera preparada porque algún día tendría que lidiar con ello.
La conversación fue disparadora de una pregunta que me hice:
¿debemos tener un “miedo especial” porque nuestros hijos tienen síndrome de
Down? Yo creo que no. No es sano vivir con miedo por eso. No nos hace bien a
nosotros como padres ni tampoco a nuestros hijos.
Pienso que no podemos convertirnos en papás inseguros o
miedosos. Yo apuesto a que mi hija se sienta segura en el mundo y que pueda
desarrollarse como una persona capaz de defenderse, integrarse, compartir,
aceptar las diferencias y aprender a vivir enfrentando sus propios miedos.
Y estoy convencida que para que eso suceda tengo que
desempeñar con seguridad y confianza mi rol como mamá! No?
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