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jueves, 3 de diciembre de 2020

La diversidad como valor. Día Internacional de las personas con discapacidad

 Hoy es el día Internacional de las personas con discapacidad y no puedo dejar de reflexionar sobre la importancia de entender que la diversidad es parte de la condición humana. Hace dos días tuve el honor de se invitada a exponer sobre diversidad en el V Congreso Internacional de Compliance, organizado por la Asociación Argentina de Ética y Compliance, y me preguntaron si en vez de hablar de inclusión, en el futuro podríamos hablar de convivencia.

Faustina ríe frente a la cámara.
 
Por supuesto que sí, que esperamos poder convivir desde la diversidad de personas que somos. El desafío que tenemos todos es muy grande. Porque hablar de inclusión es hacer lo posible para que el "otro" sea parte, es poner a la persona en el lugar del otro diferente, el otro que hay que incluir, el otro que no entra en los parámetros del mundo normalizado que lo dejado afuera, parado en la otra vereda sin poder participar.

Cuando entendamos que realmente todas las personas somos diversas, capaces, distintas, podremos hablar de convivencia. Cuando naturalicemos la diversidad de formas de ser, de hacer, de pensar, de aprender, de comunicarnos, podremos hablar de convivencia entre todos, de plena participación donde todos somos parte.

La discapacidad está afuera de las personas que tienen alguna condición. La discapacidad está en la mirada del otro. Es la sociedad la que pone barreras y discapacita o inhabilita a las personas. Es la sociedad la que en vez de ver a la persona sólo ve la discapacidad. No ve las habilidades, ni los conocimientos, ni las opiniones ni deseos de la persona con discapacidad. No ve lo que sí puede sino lo que no puede (y lo que no puede suele ser simplemente lo que hace de forma diferente).

No lo ve porque le cuesta pensar en el otro como un igual. Todos somos parte, todos tenemos algo para dar y para recibir, todos somo capaces y tenemos nuestros retos, todos aprendemos, todos somos esenciales, todos somos personas. Lo único que necesitamos es desarmar la idea de que tener una condición determinada no incapacita a la persona para un trabajo, por ejemplo, no la hace ni menos, ni peor ni mejor persona, ni lo convierte en superhéroe. 

En este día tan importante aprovechemos a difundir estos mensajes, a reflexionar sobre la necesidad de desarmar estos prejuicios sobre la discapacidad y empecemos a mirar al "otro" como parte del engranaje que hacemos entre todos como sociedad. La diversidad es inherente a la condición humana y debemos pensarla como un valor esencial para constituirnos. Todos somos con los otros.





lunes, 11 de febrero de 2019

"Como cualquier nena"

Estaba en la playa con Faustina que jugaba a la orilla del mar. Dos nenas de alrededor de once años iban y venían y saludaban y le hablaban a Faustina y me preguntaban cuántos años tenía.

Faustina ríe en la hamaca.
La tercera vez que vinieron fue para contarme que en diciembre habían tenido que despedirse de una compañera de la escuela. Se llamaba Lucía, le decían "Luchi" y tenía síndrome de Down. El grupo empezaba el secundario y a Luchi la pasaban a una escuela especial.

-"Lloramos todos, un montón, fue re triste", me dijo una de las nenas. "Es que íbamos juntos desde el Jardín de Infantes". Me emocioné en un segundo. Las vi afligidas y también pensé en la chica con síndrome de Down, en lo dificil y doloroso que podía ser el cambio.
-"Y por qué no se quedó con ustedes a hacer el secundario?", les pregunté.
-"Porque a ella se le iba a hacer muy difícil. Le costaba aprender. La vamos a extrañar mucho".
-"Y ella a ustedes. Pero pueden visitarse", les dije mientras pensaba que podría ser dificil pero no imposible y que para eso estaban los proyectos de inclusión personalizados.
-"Sí, claro que vamos a visitarnos. Somos amigas".
-"Iba a las excursiones, los cumpleaños, los campamentos?", quise saber.
-"Sí, sí, a todo. Cómo cualquier nena. Justo estaba en nuestro grupo. Hacíamos todo juntas. También venía a nuestras casas y nosotros íbamos a la de ella".
-"Qué lástima que se haya ido de la escuela. Estaba bien incluída", dije yo.
-"Sí. Además, le habíamos puesto un abrojo debajo de su banco porque ella necesitaba descargar y como tocaba unos chicles sucios que había ahí, se nos ocurrió ponerle un Velcro para que toque y descargue. Ella necesitaba mover las manos". inmediatamente pensé en Faustina, en el aprendizaje constante que es conocerse mutuamente y encontrar las estrategias para convivir.
-"Bueno, ustedes ya la entendían y la ayudaban".
-"Y hablábamos mucho, cómo cualquier nena (esta frase me la dijeron varias veces!), solo que a veces no le entendíamos algunas cosas".
-"Claro, le costaría pronunciar", dije yo.
-"Sí, pero era nuestra amiga. 

Además me contaron que Luchi se peleaba con otra compañera que también tenía síndrome de Down porque eran muy distintas. "Ella se ensuciaba cuando comía, en cambio la otra nena era toda prolija. Se preparaba el mantel, era delicada, y Luchi no la quería". Claro, pensé, es que todas las personas somos distintas.

-"Y ella qué hace?", me preguntaron por Faustina. 
-"Juega, va al jardín, pasó a sala de cinco años, tiene amigos, va a cumpleaños, le gusta pasear, canta, baila, va a la plaza...", les dije.
-"Claro! Como cualquier nena!", me contestaron.

Sí, como cualquier nena. Me sentí orgullosa de esas chicas. Tuvieron interés en acercarse a charlar conmigo porque se sintieron identificadas con el síndrome de Down. Ya sabían que todos somos distintos y a la vez todos los chicos son iguales, quieren jugar, van a la escuela, tienen amigos, festejan su cumpleaños, charlan y pelean con otros... Pero también lo que habían aprendido es que la inclusión había fallado y eso me hizo quedar con un sabor amargo. Sin duda la escuela ya no podía asegurarle a Luchi que aprendiera allí y sus padres han tenido que tomar la decisión de pasarla a una escuela especial.

Se despidieron de mí y de Faustina y me dijeron que les parecía hermosa. Me alegré por la charla y por haberlas cruzado en el camino y a la media hora conocí a una psicóloga que se acercó a contarme la historia de inclusión de Lorenzo que me quitó un poco el sabor amargo. Conocela en la próxima nota!

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