sábado, 9 de julio de 2016

Feliz Bicentenario de la Independencia Argentina

Hoy es un día histórico para nuestro país: se celebran 200 años de la Declaración de la Independencia de la República Argentina. Es una buena oportunidad para recordar que se ha avanzado mucho en materia de derechos que contemplan a las personas con discapacidad pero que aún queda mucho por hacer para que esos derechos se hagan efectivos.

Los desafíos pendientes también nos constituyen como Nación y no son meras menciones de cuestiones que afectan directamente la vida de las personas con discapacidad y sus familias sino que se trata del reto que tenemos para todo el conjunto de la sociedad.

A lo largo de estos doscientos años de historia, los significados y las miradas sobre las discapacidades han ido cambiando. De excluidos y ocultados a ser considerados sujetos de rehabilitación, las personas con discapacidad fueron y son excluidas, estigmatizadas, segregadas y discriminadas.

Para muchas personas con discapacidad, sus vidas van transcurriendo entre las limitaciones y barreras que se imponen desde afuera, entre miradas que ponen al descubierto sus falencias, entre falta de oportunidades de atención desde una perspectiva integral, de escolaridad con ajustes razonables, falta de oportunidades de empleo, exclusión de la vida social, de participación política e incluso de estigmatización dentro de su propia vida familiar.

Del paradigma médico asistencialista al de los derechos de las personas con discapacidad, hoy la mirada intenta abrirse  hacia lo social para enfocar en la persona y su entorno hasta sostener que la discapacidad es una construcción social y que es la sociedad, por lo tanto, la responsable de adecuarse a las necesidades de las personas y no al revés.

En este sentido, el modelo superador de estos dos paradigmas deja de verlos como opuestos y comienza a pensar en un abordaje más integral de la discapacidad pero, a pesar de ello, todavía persisten prácticas y realidades que no garantizan que se cumplan los derechos que tienen estas personas.

La ciudadanía la construimos entre todos y, a modo de propósito que anhelo para nosotros, es mi deseo que las personas con discapacidad sean consideradas como un ciudadano más con los mismos derechos que cualquier otra persona. Aspiro a una sociedad mejor para mi hija Faustina y también ansío que nos comprometamos como comunidad a generar los cambios necesarios para ser una sociedad más inclusiva no sólo para el presente sino para dejar como legado a las siguientes generaciones.

En este bicentenario es mi deseo que se reafirme, más que nunca y de manera concreta, el espíritu de promover, proteger y garantizar a las personas con discapacidad el pleno disfrute de los derechos humanos y que entre todos consigamos construir las bases para sostener una Nación inclusiva.

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viernes, 1 de julio de 2016

Superamos las 100.000 visitas al blog!

Al poquito tiempo de nacer Faustina sentí la necesidad de escribir y difundir cómo era la maternidad con una hija con síndrome de Down. Como muchos saben, yo había tenido a mi hija a través de una fertilización in vitro con donante, estando sola. Y ante la sorpresa de un dignóstico con una alteración genética, ví muchas expresiones en las caras de las personas que me conocían que reflejaban cierta tristeza por el resultado de la fertilización.


Aunque sentí el acompañamiento, el gran cariño que me tenían y el enamoramiento que sintieron por Faustina instantáneamente, también percibía cierta lástima hacia mí y la preocupación de creer que mi vida sería trágica o difícil con una persona con síndrome de Down.

Los entendí porque yo había estado muchos años sintiendo lástima hacia mí porque no se daban las condiciones que esperaba para formar una familia según mis deseos. Pero como yo ya había superado esa lástima, cuando nació Faustina ya había aprendido que las personas necesitábamos creer en nosotras mismas y dejar de tener temores, lástima, frustración. Ya había aprendido que esas percepciones sobre nosotros mismos uno las va construyendo a lo largo de la vida. Y entonces pensé en mi hija como persona. ¿Qué tenía que hacer para ayudarla a formarse como una persona que cree en ella misma, que no se tiene lástima, que apuesta a vivir sin prejuicios ni límites para desarrollarse como ser humano?

Sólo pensé que era necesario criar a mi hija como a cualquier otro niño, tratar de fomentar su amor propio, su autoestima, su confianza, hacer todo lo que estuviera a mi alcance para que crezca, viva, conozca, experimente este mundo a su manera. ¿Era lo único que necesitaba? No. También supe que necesitaría construir alrededor las bases para crear un entorno que acompañara ese gran desafío que tenía.

Y entonces pensé en el blog. Porque lo que veía era que había muchos mitos, prácticas y prejuicios que derribar para hacer realidad el entorno que pretendía para ella. Creí que la mejor manera que tenía era haciendo circular mensajes de inclusión, una mirada construida desde el reconocimiento de la diversidad, de las posibilidades que tendríamos que tener todas las personas para expresarnos como somos y construir con los otros desde nuestro lugar. Y entonces comencé mi aporte para levantar las barreras que impiden, para borrar las etiquetas que segregan, que excluyen, que discriminan, para superar los límites que se imponen socialmente a las personas con alguna discapacidad.  

Y tímidamente empecé a escribir Mi vida con Faustina. Y me di cuenta que no era la única que estaba tratando de criar con esa mirada a mi hija. Conocí a muchos papás de otras personas con síndrome de Down que también buscaban inclusión en todos los ámbitos para sus hijos y que dejaran de verlos por el diagnóstico. Lo que comenzó siendo un blog motivado por Faustina se transformó en la construcción de un mensaje que nace desde el interés de que todas las personas con discapacidad, y en especial los chicos que voy conociendo con síndrome de Down y sus familias, puedan vivir una vida como cualquiera.

Haber iniciado este espacio fue y es pura satisfacción para mí. Que me escriban personas desde distintos países contándome sus casos, dándome aliento o agradeciendo las reflexiones, los recursos o la información que encuentran en el blog me sigue sorprendiendo. Hoy, con cien mil visitas, quiero agradecer a todos los que acompañan desde siempre y a quienes se van sumando en el camino, a las personas que no tienen hijos con discapacidad y también acompañan la construcción de este mensaje, a las organizaciones, colectivos y fundaciones que siguen el blog y comparten las notas, a los medios de comunicación que me llaman e invitan a contar mi experiencia, a la Asociación Síndrome de Down de la República Argentina (ASDRA) que hace una tarea tan valiosa con los aportes de los socios y además publica mis notas, a los seguidores de la cuenta @MividaconFausti en Twitter y de la página de Facebook, a mis seres más queridos que me ayudan cada día a ser quien soy. Y en especial, gracias a mi hija Faustina que me hace escribir este blog y tener una vida llena de amor.

Gracias a todos por recomendar Mi vida con Faustina!!! Quiero agradecerles que compartan las notas porque hacer circular los mensajes ayuda a promover que las personas hablen de los temas que se plantean en el blog con su familia, sus amigos y la gente que los rodea. Conocer nuestra experiencia de vida con Faustina puede ayudar a otras familias y nosotras nos enriquecemos tamben con el ida y vuelta; se los aseguro!

Si seguís este blog ayudame a generar una mirada inclusiva sobre las personas con síndrome de Down, sin lástima ni etiquetas!!  Gracias!!!!!!! Cien mil veces gracias!!!!

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lunes, 20 de junio de 2016

Comenzó el juego simbólico: un bebé para Faustina

El juego con el bebé de juguete parecía lejano para Faustina hace unos meses atrás. A partir del año en el Centro de estimulacioón comenzaron a darle un bebote para jugar a la mamá. Pero a Faustina no le interesaba. En enero pasado, cuando tenía un año y ocho meses, llegó el turno de interesarse por un bebé que le regalaron.

Empezó hamacándolo y cantándole. Lo miraba, le tocaba los ojos con párpados que se abrían y cerraban, le movía brazos y piernas. A partir de allí siguió un juego cada vez más rico con su muñeco. Darle la mamadera, de comer, hacerlo dormir, taparlo, cambiarle el pañal e incluso bañarlo se convirtió en uno de sus juegos favoritos. Tooooodo el día con ese bebé que pasaba de estar acostado en un almohadón a los brazos de Faustina y luego lo sentaba en su pata pata y lo llevaba a pasear por la cocina.

Es el comienzo del juego simbólico donde lo que hacen los chicos es imitar las situaciones que ven cotidianamente, representando simbólicamente los objetos ausentes. Por ejemplo, cualquier palo sirve como cuchara para revolver la comida que tienen en el sartén, que en realidad son bloquecitos de madera, o una caja puede convertirse en cama para acostar al muñeco dormido.

Mientras los adultos ayudamos a estimular la imaginación y a fomentar el cuidado del bebé, también vamos viendo que pueden comprender y desarrollar conductas mucho más de lo que pensamos. Es una etapa muy importante para el desarrollo de los chicos: no sólo imitan sino que a través de la representación los chicos asimilan lo que van entendiendo de la vida real, canalizan y comprenden mejor las emociones y aprenden.

Paralelamente a este juego con el bebé he notado que Faustina ha hecho un salto muy grande en su desarrollo emocional, intelectual y psicomotriz. Además de acompañar todos sus juegos con el lenguaje (aunque todavía incomprensible la mayor parte del tiempo), el desenvolvimiento del cuerpo ha cambiado por completo. Por ejemplo se agacha para jugar (cosa que no le salía hasta hace un tiempo); juega a preparar comidas con ollas, potes, cucharas, polenta y galletitas; baila levantando las rodillas y quiere correr mientras se mira las zapatillas; canta cada vez con más entonación y ritmo; comprende lo que le pedimos o decimos; quiere comer sola; entre otras cosas.

Ahora tiene varios bebés y a veces juega con dos o tres juntos. Es muy tierno verla apoyarle la cara para darle un beso a su bebé o mirar cómo mueve la manito para palmearlo y que se duerma. También se la escucha protestar: quién sabé qué cosas les dirá!



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domingo, 19 de junio de 2016

Ser mamá sin padre para mi hija



A veces pienso que me hubiera encantado que Faustina tuviera padre. La idea de familia tradicional y feliz con la constitución típica de papá, mamá y los hijitos lleva muchos años imponiéndose como la situación ideal. Los relatos sobre la conformación ideal de la familia fueron tan fuertes que a los que nos escapamos de esas formas y nos atrevimos a cruzar las barreras impuestas todavía, de vez en cuando, pensamos que hubiese sido más fácil que todo sucediera según el ideal. Sin embargo, nadie ni nada podría asegurarme que si hubiese un padre para Faustina seríamos más felices.

Lo cierto es que si nos dejamos detener con esos relatos, nos perdemos de vivir la experiencia de ser felices tomando las decisiones que nos hacen bien. Porque en realidad, para una persona que está viviendo plenamente su vida con una hija sin padre, todos esos relatos no son más que fantasías o construcciones del imaginario que pretenden imponer lo que debería ser.

Soy parte de las estadísticas que dicen que el 6% de las mujeres que recurren a un banco de semen están solteras y te seguro que ser madre sin padre para mi hija todavía es visto con mirada prejuiciosa por la mayoría de las personas que debaten si eso está bien o mal. 

Faustina no tiene papá (al menos por ahora) porque los donantes donan espermatozoides pero no paternidad. En Argentina y en la mayor parte de los países la donación es anónima: donante y receptor no pueden saber quién es el otro. Tampoco se elige un donante “a la carta”. Lo que los especialistas buscan es que coincidan los fenotipos de ambas partes (color de ojos, piel, pelo, raza, altura, contextura…). 

Pero dejando de lado la figura del donante y haciendo referencia a la paternidad entendida como ese vínculo de amor que se construye cada día, la verdad es que no voy por la vida pensando en la falta de un padre para mi hija. La vida real y no ideal me trajo a Faustina y con ella llegaron los días de felicidad y el verdadero cambio de vida que buscaba. ¿Realmente me hubiese gustado que tuviera papá? Pues no lo sé. Nuestros días son muy felices y no sé cómo hubiesen sido con un padre porque esa es una situación ideal pero no real para nosotras. Lo que siento es que, a  pesar de eso, estoy viviendo siempre de forma ideal en el sentido de que todo es perfecto!

Ser madre sin padre tampoco es tan dificil! Lo único es que da mucho trabajo porque las mamás que estamos solas tenemos que tomar las riendas de todo y tenemos responsabilidades no sólo sobre nuestros hijos sino también del hogar, las contingencias del día, nosotras mismas, en fín... igual que las demás personas! Lo más importante, sin embargo, es que los lazos de amor que uno va tejiendo con los otros son suficientes para sentir que una no está sola.

Muy feliz día a todos los papás!!!


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martes, 14 de junio de 2016

Tips para ayudar a que tu bebé quiera desplazarse

A mucho bebés con síndrome de Down les cuesta comenzar a desplazarse. Pero como papás, cuando nuestros hijos todavía no caminan ni gatean y apenas sólo se sientan, podemos hacer algunas cosas para provocar curiosidad y motivación para el desplazamiento. Además, hay ejercicios y posturas para ayudarlos a lograr el gateo, que se paren y lleguen a caminar pero también hay juegos que podemos poner en práctica para ayudarlos a que tengan la experiencia del desplazamiento, aunque aún no lo logren por sus propios medios.

Aquí van algunos tips para ayudarlos (que también sirven para chicos que no tienen síndrome de Down!):
La caja de cartón
Una simple caja grande de cartón puede convertirse en un juego muy divertido si subes a tu bebé sentado y lo llevas a pasear! Puedes llevarlo sobre la caja aplastada o colocarlo dentro de la caja, siempre que tenga las paredes bajas para que tu bebé pueda ver por dónde es el paseo. Con ello verá que desplazarse tiene sus ventajas porque el pequeño mundo que lo rodea está más cerca de lo que pensaba y hay muchas cosas por descubrir a la vuelta del juego de comedor! A Faustina la llevamos a pasear también en su silla para autos y le encanta!

Los juguetes alejados
Si colocas algunos chiches fuera de su alcance, a tu bebé no le quedará otra que ir en su búsqueda. Puede que al principio proteste o intente que se los alcances. Faustina se quejaba para que yo le pusiera más cerca los objetos. Si ves que todavía no es momento de que llegue a tomarlos, acércale un poco más los chiches pero cuando veas que con un poco de esfuerzo o algún movimiento él mismo puede alcanzarlos, intenta que lo haga por sus propios medios. Prueba en distintas posiciones: sentado, acostado hacia abajo con sus bracitos hacia adelante, de costado, con el pecho sobre un almohadón o incluso arriba tuyo. No olvides que es muy importante tocarle los brazos, las piernas y el cuerpo. Que los sienta, los registre, que reciba información es esencial para que sepa que los puede usar, que sienta que los apoya, los mueve, lo tocan...

Objetos y mascotas en movimiento
Pelotas o muñecos a cuerda o pila que se ponen en movimiento también son un buen estímulo para promover el desplazamiento. Aunque tu bebé permanezca sentado y aún no gatee, tírale una pelota girando por el suelo o enciende ese hipopótamos que mueve su cabeza y se desplaza con música. Verás cómo lo sigue con su mirada y al poco tiempo intenta mover su cuerpo para alcanzarlo. Incluso prueba de arrodillarte tú mismo y gatear a su lado. Faustina se vuelve loca de alegría si otros niños juegan alrededor de ella o si yo misma me pongo en cuatro patas a gatear y le digo que soy un caballo. Al principio, cuando aún no se desplazan, quizás les cueste, pero luego se animarán a tirarse arriba tuyo o a apoyarse sobre sus brazos para seguir a los objetos que se mueven. Por otro lado, las mascotas también ayudan a que los chicos quieran moverse!

Barrera de almohadas
Esto puede ser muy divertido! Sobre la cama o en una alfombra o piso de goma coloca una almohada sobre otra. Con dos almohadas estará bien. Con esto puede hacer distintos juegos. En principio, yo la sentaba a Faustina de un lado y yo me escondía detrás de la barrera de almohadas. ¿Dónde está mamá? y ella reia cuando me veía aparecer por arriba, por un lado o el otro o sacaba mi cabeza entre medio de las almohadas. Más adelante hicimos juegos para tirarnos de panza a las almohadas. Como ella no podía moverse sola, yo la levantaba y la hacía caer apoyando el cuerpo mirando hacia abajo sobre la montaña de almohadones. Reía a carcajadas, pero después de eso tenía que salir de allí y hacía grandes esfuerzos con su cuerpo y sobre todo con sus brazos para empujar hacia atrás hasta quedar sentada! Con esto empezó a sentir la experiencia de arrojarse. Hoy se tira con movimiento mucho más perfeccionados, empujando con las piernas, levantándose con los brazos, flexionando rodillas o incluso parándose con sus piernas y tratando de dar vueltas carnero!

El pata pata
Este vehículo caminador para los chicos es genial! Faustina lo tuvo al año y medio aproximadamente y lamento no habérselo conseguido antes porque le resultó un juguete muy util para desplazarse, hacer equilibrio, flexionarse y divertirse. Aún no caminaba. Cuando la senté por primera vez y lo moví un poco, ya empezó a mover sus piernas para desplazarse y a dar vuelta el pata pata a su antojo cuando había que cambiar el rumbo del recorrido por la casa, por el parque o por la vereda. Lo manejó rápidamente hasta que pronto la veíamos con ambas piernas sobre la parte delantera del andador, haciendo equilibrio con el cuerpo, bajándose sola, o tratando de alcanzar un juguete del piso, todo sentada desde ahí arriba. También le sirvió para estar un rato sentada tomando su mamadera o comiendo una galletita y ver los videos musicales que le gustaban. Ahora que camina y anda por todos lados ya no quiere subirse. Prefiere la movilidad propia!

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domingo, 29 de mayo de 2016

La escuela inclusiva como modelo para nuestros hijos

Hace poco una compañera de trabajo me contaba que en la escuela a la que asiste su hijo hay chicos con discapacidades intelectuales y motrices que van cada día a sus clases como los demás. La charla siguió y entonces le pregunté por qué razón había elegido esa escuela. Yo quería saber si el hecho de que fuera una escuela inclusiva había pesado en su decisión de educarlos allí: "la elegí porque me parece importante que mis hijos sepan que las personas somos distintas y que esa diversidad es la que nos enriquece", me dijo.


Tomar esta decisión cuando los padres no tienen un hijo con discapacidad es realmente notable. Porque las mamás con hijos con discapacidades buscamos escuelas que los incluyan pero quienes no tienen hijos con necesidades especiales no tienen por qué hacerlo. ¿No tienen por qué hacerlo? En realidad, todos deberíamos reclamar aulas inclusivas, tengamos o no hijos con discapacidad.

Mientras que los padres que no tienen hijos con discapacidad no tienen que estar sorteando esta barrera, la gran mayoría de papás de chicos con discapacidad peregrinan por una vacante, aunque es Ley en Argentina que todos los chicos tengan el mismo derecho a ir a clases y que las escuelas son las que deben adaptarse a sus necesidades. Sin embargo, la mayoría de las instituciones educativas ponen serias trabas a este derecho.

Pero, ¿qué lleva a una persona que no tiene hijos con discapacidad a buscar una escuela que sea inclusiva? Maru me dio la respuesta: "me parece un valor muy importante para que se eduquen mis hijos", me contestó. "Es la única forma de que conozcan la realidad, una oportunidad de interactuar con otras personas que tienen una experiencia de vida distinta o desde otro lugar", reflexionó.

Las escuelas son para todos y todos las construimos con nuestra mirada e intervención. Somos todos los que salimos ganando y realmente nos enriquecemos cuando convivimos a partir de la diversidad. Si no lo crees así, mirá este video de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires donde los alumnos del Instituto Educativo Modelo realizan un debate de su proyecto de Ley por la educación que incluya a personas con discapacidad en escuelas y cuentan cómo les cambió la vida tener un compañero con síndrome de Down, una muestra clara del enriquecimiento de todos cuando se cumple el derecho a la inclusión:



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miércoles, 11 de mayo de 2016

Los estímulos musicales en los chicos: Faustina canta y aprende


La música es un buen estímulo para los chicos. A través de ella, no sólo se divierten y disfrutan sino también aprenden, expresan, comunican y conocen. 

Desde que nació, a Faustina le cantamos mucho. Pero hace unos meses que hizo una explosión de habilidades que están vinculadas con las canciones y la música, con el desarrollo de capacidades auditivas, de comunicación y del lenguaje. 

En principio ya comprobé que desarrolló mucho su vocabulario. Muchas de las palabras que dice o intenta decir surgieron de las canciones. Las usa en el marco de los temas que canta pero ya las reconoce porque si le digo "navidad" (por ejemplo), aunque no estemos cantando, sabe de qué canción se trata.

Por otro lado el uso del cuerpo y el movimiento para “contar” cosas se fue desarrollando paulatinamente y lo que empezó con unas manitos que se movían, se abrían y se cerraban (que ella misma miraba asombrada) ahora se transformó en una revolución del cuerpo y los movimientos. 

Pero lo más sorprendente es que canta siguiendo el ritmo o por lo menos tratando de hacerlo. 
A pesar de que su experiencia musical es reciente (sólo lleva dos años!) ya canta muchísimas canciones y sabe los movimientos del cuerpo que trae cada una (es como si supiera todas las coreografías!). Es impresionante la cantidad de canciones que conoce y a veces me pregunto cómo es que puede memorizar tantas (porque se las conoce todas y les aseguro que son muchísimas las que cantamos). Y también me sorprende que sean tantas las palabras que repite. Verdaderamente me asombra.

Desde chiquita que le canto canciones, le muestro mímicas, expresiones, movimientos, entonación. Jugamos a tocar instrumentos, acompañamos con maracas, cascabeles o bolsitas con chapitas o panderetas (o cuaquier sonajero). También tocamos un xilofón y ollas, tablas y recipientes que funcionan a modo de tamborcito y sirven para la percusión.

Al año y medio empezó a mover sus manos y hacer las mímicas de las canciones que le cantaba o de los videos que le ponía con canciones infantiles. Panam, Topa, las canciones de la granja, las canciones mágica de Plim Plim, las de Adriana, las de Piojos y piojitos y algunas otras sonaban una y otra vez para el gusto de Faustina que aplaudía, sacaba y movía sus manitos y hacía todo lo que la canción pedía. Pero desde hace unos dos meses empezó a cantar! Sí! Al principio balbuceaba al ritmo de las canciones pero ahora ya dice el final de las palabras cuando termina cada frase.

Lo que hace es acompañar en el momento justo la entonación de la canción con la palabra que dice allí. Por ejemplo:
- "Que los cumpla" ella dice "ta" (por cumplas), "Feliz", "ii"
"Naa vii daaad, naa vii daaad" de Topa, ella dice "aa ii daa, aa ii daaa" (cantando, claro!).
- "En un barco cargado de leooones, llegaaaron los varooones, los queremos saludar: hoola nenes, cómo están? bien, bien requetebien", ella dice "oooé" (por leones), "egaaaon" (por llegaron)... daa (por saludar)... y así sigue con casi toooodas las canciones que le cantamos y que aprende en el jardín! 

Es muy divertido cantar con ella. Lo disfrutamos mucho. Nos parece increíble que ya esté tratando de seguir el ritmo y acompañe con el vocabulario! Realmente nos parece increíble! Además ya pide qué canción quiere cantar. "Cuál querés cantar, Fausti?": aa ii daa, dice ella o "mamá" (si dice mamá solo, es la de Panam; si lo dice moviendo las manos, es una canción donde hay un dedo que es la mamá). Y si no cantamos la que dice ella te lo hace saber. Dice "no", mientras mueve su cabeza negando que esa fuera la que había pedido.

También hace toda las mímicas de las canciones, toca partes del cuerpo, hace piruetas con las manos, estira, cierra, levanta, sacude, toca, aplaude, se mueve, frota o junta sus deditos si es necesario y lo pide la canción. El sonido de los animales y las onomatopeyas se incorporan en muchas canciones: si hay un lobo ella aúlla, ruge como el león, dice cua cua si se trata de un pato o miau de un gato, entre muchos otros animales.

Si bien baila y mueve el cuerpo al compás de la música, una de las cosas que noté es que, por ahora, su fuerte no es bailar sino que más bien está concentrada en repetir las palabras al ritmo de las canciones!


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sábado, 30 de abril de 2016

Feliz cumpleaños hija!

Faustina cumple dos años y mi casa se va transformando en una fiesta! La familia y los amigos hoy vienen a celebrarlo. Y estamos muy felices. La veo tan grande que no puedo creer todavía que haya crecido tanto.

Con su cumpleaños se va cerrando una etapa. Esa donde aprender a comer, sentarse y dar sus primeros pasos ya está superada. Ya no es la bebé que apenas podía mover los brazos y que miraba todo en silencio con esos ojos grandes llenos de curiosidad. Ahora camina, quiere hablar todo el tiempo, mueve su cuerpo por todos lados, juega con sus juguetes, baila y canta y entiende lo que le decimos.

Su crecimiento fue tan extraordinario como mi maternidad, que cambió sustancialmente el significado de mi vida. Aunque muchas veces me siento agotada, soy una persona feliz y me siento una mamá orgullosa. Y es que Faustina ha cambiado todo en mi vida: las prioridades, la forma de ver las cosas, la capacidad de tomar decisiones y la organización del día, que va al ritmo que dicta la vida compartida con ella, una vida de a dos.

Ella crece y nos sorprende cada día. Su diversión, su felicidad, sus gritos, su manera de decir mamá y de nombrar a la abu, sus besos, sus moriquetas, sus manos moviéndose al ritmo de alguna canción son parte de mi vida cotidiana, que ahora tiene un gustito dulce que me hace seguir hacia adelante.Porque ella trajo esperanza a mi vida, trajo emociones positivas, una nueva mirada de la vida y una responsabilidad enorme para lograr que viva como cualquier otro niño. No trajo ni discapacidad ni limitaciones porque todo eso está fuera de ella, está en la mirada de los otros, en los ámbitos escolares, sociales, culturales...

Tiene una condición de vida. Vino con un cromosoma más y síndrome de Down. Pero aún no lo sabe. Y para ella (y para mí) eso no tiene ninguna importancia. Porque ella es como es y tiene lo que tiene y aunque vivirá siempre con ello tendrá que aprender que en la vida no hay límites ni metas que no pueda alcanzar (esas son las cosas que están afuera).

Ella le pone risa a mis días. Se divierte, juega, aprende, se comunica, ama, se enoja, se ríe, disfruta, crece como todos los chicos mientras yo me divierto, juego, aprendo, me comunico, amo, me enojo, río, disfruto y vivo como cualquier mamá. 

Hoy siento que con este cumpleaños se cierra una etapa donde las incertidumbres de los primeros días fueron desvaneciéndose de a poco y transformándose en logros. Y eso me trajo una enseñanaza increíble: cuando me siento agobiada por algo que me preocupa o siento temor porque no sé qué va a suceder, pienso en todo lo que logró Faustina en contra de todos los pronósticos desalentadores que hoy se alejan tanto de la realidad que vamos transitando, y siento unas fuerzas para superar mis preocupaciones que me empujan hacia adelante. Porque ella me demuestra cada día que no hay nada que temer y que no hay nada imposible ni inalcanzable. Sólo hay miradas y formas de ver y ser.

Feliz cumpleaños hija! Que tengas un día lleno de amor y muchas risas. Gracias por hacerme mamá! Te amo, preciosa!!

La fiesta va llegando y la casa se vistió de guirnaldas de colores, globos y velitas! Porque hoy estamos festejando nuestra vida con Faustina!

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lunes, 25 de abril de 2016

¿Cómo lograr que tu bebé se siente solo? Seis tips para ayudarlo

Aquí van posiciones, ejercicios y experiencias para ayudar a que tu bebé, con o sin síndrome de Down, se pueda sentar:

1. Estimular y fortalecer su tronco
Uno de los primeros pasos para que en el futuro tu bebé pueda sentarse es lograr que controle su tronco y sostenga su cabeza. ¿Cómo se logra? Simplemente poniendolo todos los días boca abajo, tocando su espalda, sus hombros y brazos, poniéndole juguetes delante suyo, moviéndole los juguetes a un lado y a otro para que los siga con la vista, dándole besitos en la espalda, haciendole escuchar distintos sonidos a un lado y al otro para que trate de levantar su cabeza y girarla, siempre en la posición hacia abajo. Esto le ayudará a tomar fuerza y sostener su columna y cabeza.

2. Ponerlo boca abajo apoyándose sobre sus brazos
Sus brazos también necesitarán fuerza para sostenerse. ¿Cómo fortalecerlos? Dejá a tu bebé boca abajo, levantale un poquito el tronco y hacé que se mantenga con sus brazos apoyado en el piso o la cama. Si tu bebé tiene síndorme de Down, su baja tonicidad muscular no le va a permitir sostenerse así que hay que ponerle los brazos estirados y ayudarlo a levantarse con ellos agarrándole los codos para que no se le flexionen. También hay que estimularlo con juguetes delante suyo o vos misma hablándole delante de manera que te vea y quiera levantar la cabeza, el tronco o los brazos.

Otro ejercicio es colocar a tu bebé boca abajo poniendo un rollito de frazada o un almohadón debajo de sus axilas. A Faustina la ponía en esa posición y luego la movía un ratito hacia adelante y atrás que apoyara sus bracitos para sostenerse. También se puede jugar a hacer una carretilla con los brazos sobre el piso boca abajo, colocando los brazos hacia adelante y levantándole las piernas un poquito. No te preocupes si al principio flexiona los brazos debido a la baja tonicidad muscular. Con el tiempo tendrá la fuerza suficiente y logrará sostenerse con los brazos, incluso avanzar, girar, desplazarse y hasta gatear!

3. Cambiar de posiciones
Cambiar de posición al bebé lo ayuda a explorar sus cuerpo y las distintas sensaciones, sus limitaciones y las posibilidaddes que tiene de moverlo, usarlo, sentirlo. Es muy importante que no pase mucho tiempo (si su salud y condiciones se lo permiten) en la misma postura sino que pueda sentir cómo es estar sentado, acostado, de costado, del otro costado, hacia abajo, parado, arrodillado, acurrucado, etc. Todas estas experiencias le permitirán adquirir nuevas habilidades y ver el mundo que los rodea desde diferentes perspectivas!


4. Jugar a sentarse y pararse con ayuda
Jugar a pararse y sentarse agarrado de tus manos lo ayudará a diferenciar sensaciones con las distintas posturas y a tomar fuerza con su cuerpo. Yo solía poner a Faustina sentada sobre unos almohadones y le daba las manos para levantarla hasta que descubrió que si daba un empujón ella misma lograba ponerse de pie de un salto. Se reía tanto que le daban carcajadas y se sentaba y paraba una y otra vez.

5. Sentarlo con almohadones
Antes de lograr sentarse solo es necesario que explore la posición con ayuda. Colocale almohadones (esos que tienen forma de medialuna son geniales para esto) y dale un juguete o librito para manipular. Probablemente a cada rato tengas que volver a acomodarlo porque se tumbe hacia un costado. Pero no importa! Le servirá para estar un rato sentado sin tener que estar haciendo esfuerzos por sus propios medios y descubrirá que esa posición le sirve para agarrar objetos! Y ese sí que es un buen incentivo para sentarse!

6. Lograr la posición de trípode
Uno de los últimos pasos antes de lograr sentarse solo es hacer lo que se conoce como posición de trípode. ¿Cómo se logra? Sentá a tu bebé con las piernas un poco abiertas para que tenga una buena base de apoyo y mayor estabilidad y colocale las dos manos en el centro apoyada en el piso, como un tercer punto de apoyo para el cuerpo. También hacelo con un brazo solo y luego el otro, de manera que vaya fortaleciendo los dos y logre sostenerse con la ayuda de los brazos. Si tu bebé tiene síndrome de Down tomale los brazos y apoyaselos en el piso para que lo sienta, presionando suavemente hacia abajo, y hacé que tumbe su cuerpo hacia un lado y al otro apoyando sus brazos para que se sostenga y no se caiga.

Una vez que pueda sentarse con la posición de trípode ya está cerca de que logre estabilidad y equilibrio para quedarse solo sentado. Pronto dejará de necesitar almohadones para amortiguar las caídas y se quedará sentado sin ayuda! A probar!

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miércoles, 13 de abril de 2016

A Faustina le encanta la hamaca!

Hace un tiempo atrás Faustina no quería ir a ninguno de los juegos de las plazas. Pero este último verano, dando pasitos de mi mano y tratando de moverse sola, se animó a probar toboganes, trepadores y calesitas y descubrió su nueva y movediza pasión: la hamaca!

Cuando se hamaca, su sonrisa va de oreja a oreja y el cuerpo se mueve al ritmo del vaivén, el mismo que a mí me mareaba de chiquita y a ella la hace gritar de alegría.

Faustina, que siente vértigo cuando sube o baja un ascensor o cuando pasamos por un bajonivel, sin embargo no duda en expresar su emoción cuando le propongo ir a la hamaca. Ni bien la vé, salta de alegría arriba mío y tira su cuerpo para que la suba.

Ante cada impulso cuando la empujo, grita ahhh y se rie abriendo grande la boca. Y va cantando con el vaivén! Si hay árboles cerca o arriba, los sigue con la vista mientras disfruta de su viaje al cielo. Es hermoso verla. Me imagino lo que siente y me hace tan feliz que soy capaz de parar con el auto en cualquier lugar donde vea una hamaca y llevarla todos los días a la plaza!

Si la vieran reir y disfrutar tanto como yo la veo se la comerían a besooooos. No se pierdan el video!




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lunes, 11 de abril de 2016

¿Donarías tus óvulos a una amiga?

Cuando iba a comenzar el tratamiento de fertilización in vitro, tres personas me dijeron que, si lo necesiaba, me donaban sus óvulos. Las tres me hicieron emocionar y no era para menos: una amiga y dos mujeres que son parte de mi familia (todas en pareja) estaban dispuestas a ayudarme a ser mamá nada menos que dando una célula para comenzar la vida.

Por entonces, muy entusiasmada con mi decisión de concebir un hijo, me pregunté ¿qué motiva a una persona a donar sus óvulos a otra mujer con quien tiene un vínculo de amistad o parentesco? Todas respondieron lo mismo: la generosidad. Poder ayudarme a ser mamá, si lo necesitaba, era motivo más que suficiente para donar vida.

Mi amiga, por ejemplo, me dijo que se sentiría feliz y orgullosa de que yo fuera la madre de ese bebé que se formaría a partir de su óvulo. Me explicó que ella donaría óvulos como se da sangre o médula y que dar un óvulo no es dar un hijo sino una célula con información genética determinada. No dudaba de lo que decía al hacerme su propuesta. Me dijo que lo haría verdaderamente con gusto. Ella ya era mamá y estaba dispuesta a someterse a los tratamientos de estimulación de la ovulación y a que le saquen los óvulos mediante un procedimiento de punción que, aunque bastante sencillo, no deja de ser una intervención quirúrgica, sólo para ayudarme.

Las otras dos personas también expresaron que su motivación nacía por solidaridad hacia mí. Me dijeron que estaban dispuestas a semejante acto de amor para ayudarme a ser mamá y que les quedaba claro que el hijo que yo tendría sería mío. Una de ellas era mamá y la que no lo era se ofreció, además, a prestar su vientre para el embarazo.

Yo sé que muchas personas piensan que quienes deseen convertirse en madres o padres deberían adoptar. A mí me lo dijeron decenas de veces. Y no era una opción que descartara. Sin embargo, la decisión de convertirse en mamá o papá y el modo que cada uno elija son absolutamente personales, al menos en mi opinión, y nadie debería juzgar por priorizar una forma sobre la otra. Todas son alternativas válidas y respetables y cada uno es libre y responsable de la elección que hace.

Solidaridad, generosidad, altruismo pueden canalizar el deseo genuino de ayudar donando óvulos y hacer muy felices a otras personas que lo necesitan. Más allá de que resulte un tema sensible para muchos que están en contra o simplemente no lo harían por diferentes razones, lo cierto es que la ovodonación también puede significar una oportunidad para quienes desean tener un hijo.

A todas esas mujeres que quisieron ayudarme les agradecí inmensamente, aunque finalmente no necesité de sus generosas propuestas solidarias porque decidí usar mis propios óvulos.

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sábado, 2 de abril de 2016

Hay una parte de la vida de Faustina que ya no es mía

Hay una parte de la vida de Faustina que ya no es mía. ¿Será por eso que todavía me siento triste cuando la dejo en el Jardín? Por primera vez desde que nació siento que no tengo acceso a una porción de su vida diaria. Con su entrada al Maternal dejó de estar bajo mi atenta mirada, al menos durante las cinco horas que pasa allí dentro. La sensaciòn es rara todavía.

Ella ya comienza a transitar su propio camino. Inició un despegue que trae para mí algo de angustia porque no sé qué está pasando allí dentro de la sala. Entiendo que la pasa bien con sus compañeros y las señoritas y que es sano para su desarrollo que comience a tener sus propios espacios, actividades, relaciones con otras personas, pero eso no quita que yo sienta que ya perdí una parte de Faustina. Y es que, como dice el refrán, "los hijos son de la vida".

Hace unos días mi amiga Marcela que es mamá de una hija adulta y otra adolescente me dijo muy acertadamente que esa pequeña porción a la que yo no tenía acceso iba aumentando hasta revertirse en su proporción. A medida que van creciendo los hijos van sumando porciones de tiempo en que ya no están bajo nuestra tutela y finalmente, de la gran torta que representa su día o su vida, al final sólo vamos viendo una porción cada vez más pequeña a medida que se hacen más grandes e independientes.

Quizás con el ingreso de Faustina al Maternal este sentimiento se haya adelantado un poco. Lo cierto es que buena parte del día ella ya no está conmigo, ni en nuestra casa. Y aunque sé que está muy bien disfrutando momentos en el Jardín, no dejo de pensar que todo fue muy rápido para que pasara de estar jugando en casa agarrada de mis piernas a estar sentada en una pequeña sillita a la mesa del Jardín donde comparte el desayuno con los compañeros, cual verdadera señorita.

Lo que pase allí, entre las paredes del Jardín, ya no me corresponde verlo porque es su espacio y el de sus amigos y maestros. ¿Eso es lo que duele? ¿Como papás queremos saber todo el tiempo de nuestros hijos? ¿Es sólo porque es chiquita que lo veo así? Me consuelo pensando que mi hija tiene la suerte de vivir todas esas experiencias, de crecer alegremente, de ir ganando terreno en otros espacios fuera de casa y de mis brazos y de afianzarse en los vínculos con los otros, todos aspectos muy importantes para crecer como persona.

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viernes, 25 de marzo de 2016

Faustina señala y nombra

Pedir y señalar son formas de comunicar lo que uno quiere. Faustina hace unos meses que estira sus deditos en dirección a lo que quiere obtener, acompañando su gesto con palabras. Reconoce animales y objetos en los libros y revistas que ve y si le pedimos que nos diga dónde está el peine, por ejemplo, o cuál es la manzana, busca y señala la imagen. Señala personas, nos reconoce en una foto y apunta su dedo para pedir cosas.

Comencé señalando y diciendo "esta, leche", "esto, caballo". Con el tiempo, ella empezó a señalar (primero con la mano, luego con el dedo) y a decir lo que quería como podía. Así que se la puede ver un largo rato mirando revistas y señalando imágenes y nombrándo las que sabe, o señalando la leche que hay sobre la mesa y diciendo "Letche" cuando la quiere, o "abua" (por agua). Cuando no sabe el nombre de las cosas, señala insistentemente y estira su cuerpo para alcanzarlo y habla en su lenguaje o dice "ete, "ete" (por este).

Es muy gracioso escuchala decir "habblá" "habblá" cuando quiere que le de el celular. Al principio, no me daba cuenta porqué lo llamaba así. Era insistente y lo decía mientras que lo señalaba, hasta que me di cuenta que cada vez que se lo daba era yo la que le decía "hablá, hablá".

También señala, reconoce y nombra a las personas que conoce: abu, tía y por supuesto mamá! Y cuando no le sale el nombre, nosotros le decimos "¿dónde está el primo Loren? o ¿dónde está Abril?" y ella señala.

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lunes, 21 de marzo de 2016

Día Mundial del síndrome de Down: todos por la inclusión

"Ellos pueden". Claro que pueden! Siempre escuchamos esa frase sobre las personas con síndrome de Down (SD) porque todavía hay que demostrarle al mundo que son capaces de hablar, entender, caminar, ir a la escuela, tener un trabajo, una pareja, vida social... aunque sigan circulando prejuicios. Pueden. Ellos pueden. Y hoy es un día para festejarlo porque se celebra el Día Mundial del síndrome de Down.

Cada 21 de marzo hay actividades en distintas partes del mundo que reúnen a personas, familias y organizaciones con la finalidad de concientizar sobre la importancia de la inclusión en todos los ámbitos. Es un día de alegría para muchas familias que festejamos tener a nuestro lado a una persona con este síndrome. Hoy festejamos la diversidad!

El SD es una alteración genética, una combinación cromosómica natural que forma parte de la condición humana. Trae una triplicación del cromosoma 21 y no hace distinción de raza, grupo social, edad o lugar que uno habite. Esa copia extra de cromosoma es la que genera rasgos característicos, una discapacidad intelectual y algunos trastornos de salud asociados a este síndrome. Hoy se sabe que con estimulación temprana, una atención adecuada de su salud y una buena inclusión, las personas con este síndrome pueden tener una vida como cualquier otra persona. Sin embargo no la tienen. Porque la discapacidad más grande está en la sociedad que todavía pone trabas a su desarrollo y no confía en sus capacidades.

Por eso hoy reflexionaba en ese "ellos pueden" y pensaba que teníamos que cambiar el foco: todos podemos! Porque ellos pueden si nosotros creemos en ellos. Ellos pueden si son incluídos y bien recibidos en sus familias. Ellos pueden si tienen un aula para todos y si cuentan con los ajustes que necesitan para ir a la escuela. Y pueden si cada día nos comprometemos a ser una parte importante de su desarrollo. Pueden si les damos la oportunidad de trabajar. Pueden si creemos que es posible una vida autónoma e independiente.

Como mamá, papá, familia, amigo, vecino, empleador, compañero de escuela, maestro, profesional, pensemos que todos podemos ser parte de ese entorno que las personas con SD necesitan para poder tener una vida plena.

Hoy es el día para hacer circular la información para que todos sepan qué es el síndrome y que las personas que lo tienen sólo necesitan oportunidades de inclusión!

Ellos pueden si nosotros creemos en ellos y en sus capacidades! Hoy celebro con toda mi alma la vida de mi hija!

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martes, 15 de marzo de 2016

Mi hija se adaptó al jardín ¿Y yo?

Hace apenas tres días Faustina empezó el Jardín maternal y se adaptó tan bien que ya completó el horario! Entra contenta, sin llorar, me saluda con la manito y se va con las señoritas a la sala.

Ya está, eso fue todo. Tanto esperar con ansiedad este momento de inicio del jardín y todo sucedió tan rápido que no tuve tiempo de procesarlo. Ella, que todavía no tiene dos años, se adaptó perfectamente y yo todavía suelto lagrimones por tener que dejarla cumpliendo su horario completo.

El primer día entré con ella a la sala. La recibieron las maestras y los compañeritos y ni bien vimos que se quedaba interactuando con los demás, salí de la sala (como habíamos acordado con las maestras). Entonces dije "la espero afuera" y me dijeron "andá a tu trabajo y volvé a las diez menos cuarto". "Ya, tan rápido", dije algo temerosa... "Tu hija está jugando lo más bien".

Subí a mi auto y lloré. La emoción era muy grande. Faustina, mi pequeña hija con síndrome de Down,  acababa de comenzar su escolaridad, su vida social, su educación formal. Empezaba una nueva etapa. Podría ser un desafío muy grande que haya confiado su educación a un jardín común, donde tiene que ir si pretendemos su plena inclusión, en igualdad de condiciones que los demás chicos.

Llegué a mi trabajo y no podía dejar de pensar cómo estaría, qué estaría haciendo... hasta que recibí una foto que me enviaba mi amiga Marcela, a través del whatsapp. Era Faustina en plena acción en la sala violeta, con sus compañeritos, mirando lo que proponía la maestra. Era mi hija! Faustina estaba ahí para mí! Y toda la angustia de no saber qué estaba haciendo dentro de la sala se transformó en una emoción enorme de verla en esa imagen tomada hacía apenas unos minutos. Pero ¿cómo era posible que mi amiga Marcela tuviera una foto de mi hija en el Jardín? La frase que acompañaba la foto decía: "Tengo corresponsales para cubrir el primer día de Fausti en el jardín!". Lloré más todavía... mi amiga, gran amiga y periodista, había arreglado con la Directora del jardín sacarle las fotos para mandármelas de sorpresa!

No paré de llorar por un largo rato. El valor de la amistad no tiene precio y sentí, una vez más, que no estaba sola en la aventura de vivir. Mis amigos siempre están ahí con pequeños grandes gestos que pueden estrujarte el corazón y hacerte sentir cuánto te quieren y acompañan.

Cuando la fui a buscar, Fausti se quedó un rato más porque estaba jugando en el patio y se iba a tomar el desayuno con los amiguitos. Salió agotada pero feliz y al día siguiente ya se quedó tres horas, participó de la clase de educación física, jugó con masa, bailó y cantó, entre otras cosas.

Hoy ya hizo horario completo. Entró sin llorar, observando todo lo que sucede  a su alrededor. Pero les confieso que yo me quedé angustiada. Se me hizo larga la espera. "Tantas adaptaciones habrás conducido!", me dijo mi amiga recordando que durante muchos años fui maestra jardinera. Y es cierto, pero como mamá lo vivo de otra manera, es lógico. Hoy me toca estar del otro lado y me alegra que Faustina se haya adaptado sin inconvenientes y disfrute, pero yo también tengo que hacer mi adaptación! El cambio de vida es muy grande. Un "año bisagra" para ambas, como me dijo la psicomotricista.

No sé si todas las mamás sienten lo mismo pero si tuvieras una hija con síndrome de Down que empieza el Jardín maternal, seguramente también estarías ansiosa, esperanzada, feliz, emocionada... y con una mezcla de alegría y emociones intensas que te tendría agotada como a mí!

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sábado, 5 de marzo de 2016

El Jardín maternal común para niños con síndrome de Down

En unos días Faustina empezará una etapa nueva: comenzará el Jardín maternal y con ello iniciará su experiencia en la vida escolar. Irá a la sala de dos años, en un jardín común y hará pleno goce de su derecho a ir a educarse a la escuela ordinaria.

Mis expectativas son las de toda mamá: que el jardín pueda aportarle experiencias que la enriquezcan, que disfrute mucho, que explore cosas nuevas, que forme vínculos con los otros, que juegue, que aprenda, que exprese, que crezca, que el jardín sume para formarla como persona.

Pero además de la ansiedad propia de que empiece el jardín siento algo extra y está relacionado a su síndrome de Down: siento orgullo de saber que elegí transitar un camino que quizás será difícil pero que sé que es la mejor elección. Me tiene contenta haber apostado a la escuela común. Creo que es un poco el desafío que hay que dar si pretendo aportar mi granito de arena para que seamos una sociedad inclusiva.

Sé que muchas puertas se irán cerrando. Así lo reflejan las estadísticas que muestran que hay menor inclusión de personas con síndrome de Down en escuelas comunes a medida que va avanzando el nivel de formación. También lo demuestran la realidad cotidiana de los papás que recorren escuelas en busca de una vacante que no les dan.

¿Si tengo miedos? No, miedos no. Tengo preguntas: ¿podrá el jardín adaptarse a lo que mi hija va necesitando? ¿Cómo será su experiencia? ¿Cómo se vinculará Faustina con los otros niños? ¿Cómo serán sus maestros? ¿Cómo será su aprendizaje? ¿Hará amigos? ¿Qué dirán los otros papás de ella? ¿Sabré entender al jardín como cualquier otro papá?

Por ahora lo único que sé es que conocerá otras realidades, otras maneras de ser y de comportarse. Aprenderá de otros y aprenderán de ella. Tendrá buenos y malos días. Explorará y se asombrará de cosas nuevas, cantará canciones, jugará y crecerá compartiendo vivencias con su compañeritos y haciendo su propia experiencia en el Jardín. Por ahora, lo único que sé es que mi hija merece que yo haga lo posible y lo imposible para que su inclusión sea una realidad.

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Rutinas y hábitos para ayudar a tu bebé

Cada familia es un mundo y gusta a o no de organizar rutinas para marcar cómo será el día. Aunque  siempre hay un espacio para hacer algo que no estaba previsto, yo prefiero organizarme con Faustina de manera que funcione mejor nuestro día!

En general, para los bebés y niños pequeños los especialistas recomiendan que haya hábitos y rutinas porque saber lo que viene les baja la ansiedad o angustia que provoca lo desconocido y los ayuda a sentirse cómodos, seguros y contenidos. Los especialistas también sostienen que a los bebés o niños con síndrome de Down particularmente les ayuda mucho tener el día organizado. Yo creo que es igual para todos los chicos.

La clave está en armar las rutinas que se ajusten mejor a cada familia y en respetar los tiempos para cada una.

Aquí van algunas rutinas que tenemos con Faustina:

El desayuno
Aunque los horarios para despertarse fueron cambiando para mi hija, siempre tenemos la misma rutina. Jugamos un rato en la cama, nos levantamos y vamos a abrir las ventanas, encendemos la radio, nos sentamos a la mesa (ella en su sillita) y desayunamos juntas!

Mañana de juegos 
Después de desayunar nos vestimos y Faustina juega con sus juguetes, aunque últimamente lo que más le gusta es andar por la casa abriendo cajones, sacando cosas, tocando lo que no se puede tocar... Durante el verano o los días cálidos, sale a jugar un rato afuera (le encanta el pasto!). Siempre hay un momento para jugar en el piso con ella, bailar y cantar, jugar con el bebé, perseguir a un muñeco que se mueve a pilas o tirar la pelota e ir a buscarla, entre otros juegos.

Ya está la comida!
A la hora de comer a Faustina la siento en su sillita a la mesa. No le doy de comer en cualquier lado, sólo cuando se sienta en su sillita. Desde que comenzó a comer a los cinco meses, más o menos siempre lo hace a la misma hora. Tiene como hábito comer una fruta después de la comida así que espera con ganas uno y otro plato. Le encanta la comida y por suerte no tengo que estar corriendo detrás de ella para que coma. Otro hábito que formamos es comer sin televisión ni computadora, ni videos. Creo que esto le ha sido útil para enfocar su atención en la comida y disfrutarla. Eso sí, esté donde esté, tengo que pensar en su comida porque a esa hora, si no le sirven algo, grita de hambre!

Es hora de siesta
Para Faustina la siesta es sagrada. Todavía la necesita y más o menos duerme entre dos y tres horas. Si bien desde recién nacida duerme en su cuna, hace dos meses que le enseñé a dormirse sola, sin tener que hamacarla en mis brazos. Le gusta tocar mis manos o las manos de la abuela o quien la cuida. Como parte de la rutina le canto unas canciones y después le digo "ahora dormite vos solita". La despido y me voy. A veces tarda un rato, da vueltas, se sienta en la cuna y tengo que volver a acomodarla para dormir. Pero la mayoría de las veces ya logra dormirse sola. Hace poco que duerme con un osito que abraza y da mucha ternura verla.

¿Merendamos?
Se levanta de la siesta de muy buen humor! Y otra vez se sienta en su sillita a esperar la leche con galletitas o pan (que le encanta). En verano, por lo general preparamos la merienda al aire libre.

Juegos, música y algo más
Después vienen los juegos, andar en su pata pata, las canciones, los videos preferidos de música infantil, alguna sorpresa (después que desayuna también suele ser momento de presentar algo nuevo), tocar un tamborcito o un piano, saltar a upa, trepar o andar por todos lados.

Llegó la cena
Faustina espera la cena con tantas ganas que le preparo con gusto de todo! Mientras cenamos, "charlamos", le pregunto cosas, le cuento sobre lo que está comiendo, le menciono las frutas. Otro hábito que tiene es lavarse las manos y la cara. También se limpia la boca con una servilleta. 

Al agua pato
Los horarios para el baño fueron cambiando pero por lo general la hora de disfrutar del agua es a la noche. A Faustina le gusta tocar el agua pero últimamente disfruta mucho mojar y chupar trapos y toallas y jugar con todo lo que hay fuera de la bañera (champú, esponjas, desodorantes, jabones... lo que sea).

A dormir!
La rutina del sueño comienza mucho antes de que se duerma. Una hora antes, con el pijama puesto jugamos un rato (por lo general en mi cama porque le gusta saltar ahí arriba, revolcarse y mirarse en un espejo). Nunca faltan la leche (todavía toma mamadera) y el último cambio de pañal del día, despedirse con un "chau, hasta mañana" y reir un rato en su cuna. Después de eso, las canciones y a hacer una linda noni!

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