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viernes, 24 de julio de 2015

A despegar de los brazos de mamá!

Que Faustina aprendiera a desplazarse por sus propios medios fue un gran hito que marcó su desarrollo. En este sentido, el despegue del cuerpo que hizo le trajo un salto en su independencia. Y se nota que la libertad que siente la llena de alegría, la moviliza para explorar los espacios e investigar cosas, y que disfruta de ir a donde quiere sin estar esperando que alguien la ayude a moverse del lugar. Eso es genial! Sentir que puede hacerlo sola tiene una carga significativa muy grande: empieza a despegar de los brazos de mamá!

Pero en este proceso donde logró andar con su cuerpito, todavía no logró el despegue emocional necesario para quedarse en las sesiones de estimulación sin llorar. Todavía le produce angustia y no entabla el vínculo que le permita vivenciar ese momento como una experiencia agradable. Y, por supuesto, a mí me produce la misma angustia verla llorar y abrazarme para que la contenga.

Fue un aprendizaje para ambas el hecho de que vaya a estimulación desde que era bebé. Pasamos por distintas etapas que fueron cambiando con su crecimiento. Entramos juntas a las sesiones desde el comienzo, cuando apenas tenía un mes. Nunca supe cuál es el punto justo para intervenir o no en esos momentos. Es difícil saberlo: yo quiero darle el espacio a la estimuladora para que entablen su vínculo pero intervengo rápidamente si mi hija hace pucheros y se larga a llorar desconsoladamente, por ejemplo.

Muchas veces vi sufrir de angustia a los papás al ver a sus hijos llorar en las adaptaciones, cuando era maestra jardinera. Ahora me toca estar del otro lado y, como mamá, ayudar al proceso de adaptación de Faustina a su centro de estimulación. A veces sé que llora porque tiene sueño, porque era el momento de su siesta, porque le da angustia estar ahí con personas que no ve muy seguido. Sin embargo, estoy dispuesta a probar nuevas estrategias para que logre una buena estadía en sus sesiones! Si me aconsejan que lo mejor es que yo ya no esté con ella ahí, me quedaré afuera esperando. Sufriré si la escucho llorar, pero también sabré que la estoy ayudando en su proceso de adaptación.

Parte de su desarrollo emocional tiene que ver con experimentar sentimientos de angustia, así que, aunque me duela mucho verla llorar porque está angustiada es importante saber que tiene que vivirlos y hay que ayudarla a superarlos.


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