1. Porque es el derecho de las personas con síndrome de Down y de todas las que tengan alguna discapacidad. La Convención Internacional sobre los derechos de las personas con discapacidad, ratificada por Ley en Argentina desde 2008, establece la igualdad de condiciones para asistir a las escuelas para todas las personas. El Estado tiene la obligación de garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos, y que haya niños con discapacidad en las aulas comunes es una forma de exigir que tienen que cumplir brindándoles lo que necesitan.
2. Porque pueden. Existen ya muchos casos de personas cursando sus estudios en escuelas comunes. Lo único que necesitan las personas con síndrome de Down son los ajustes para asegurarles que puedan alcanzar los aprendizajes. Todas las personas aprendemos de maneras diferentes. La figura del maestro integrador es esencial para acompañar al docente y conocer cada caso en particular.
3. Porque todos somos parte de este cambio. Yo sé que hay que lidiar con muchas trabas y prejuicios instalados pero te aseguro que la experiencia valdrá la pena. El sistema educativo necesita una transformación que haga posible que todos estén incluidos, y todos somos parte de ese cambio y podemos aportar a la construcción de una comunidad inclusiva.
4. Porque está comprobado que las personas con síndrome de Down se benefician enormemente con su inclusión en escuelas comunes. No sólo van a aprender contenidos sino a vincularse con los otros que son ejemplos de comportamientos sociales y actúan como reguladores. Los comportamientos se aprenden y regulan en convivencia y se aprende "copiando" a los otros.
5. Porque no quedan dudas de que los demás también aprenden de esta experiencia de compartir con personas que tienen discapacidades. Todos se benefician, incluso las escuelas, los padres, los docentes, que se ven interpelados a actuar frente a la diversidad para comprender que todos tenemos un lugar en la vida y cada uno aporta lo suyo. El día de mañana, seguramente, una persona que tuvo un compañero con discapacidad comprenderá mejor qué debe hacer si le toca ser padre, hermano, hijo, amigo, jefe o compañero de trabajo de una persona con discapacidad.
6. Porque la experiencia de inclusión en los ámbitos escolares luego sirve para moverse en otros ámbitos. El empleo, la vida autónoma e independiente, la socialización son más probables que se den en mejores condiciones porque las herramientas para actuar con otras personas se consiguen estando incluídos en todos los ámbitos. El aprendizaje que se da a partir de la escuela no es sólo curricular sino que también se aprende lo social. Es allí donde se adquieren herramientas para interactuar con las demás personas y desenvolverse en otros ámbitos.
7. Porque es necesario que los sistemas educativos reconozcan y valoren a todos los niños y niñas sin excepción.
8. Porque es necesario permitirles a nuestros hijos participar en el entorno educativo en igualdad de condiciones que los demás!
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Mi vida cambió maravillosamente cuando mi hija Faustina nació con síndrome de Down. Elegí tener a mi hija a través de una fertilización in vitro con donante. Hoy vivo una maternidad plena y quiero compartirla con ustedes con el objetivo de derribar mitos y prejuicios, dar un mensaje de amor y ayudar a otras familias.
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jueves, 18 de agosto de 2016
sábado, 5 de marzo de 2016
El Jardín maternal común para niños con síndrome de Down
En unos días Faustina empezará una etapa nueva: comenzará el Jardín maternal y con ello iniciará su experiencia en la vida escolar. Irá a la sala de dos años, en un jardín común y hará pleno goce de su derecho a ir a educarse a la escuela ordinaria.
Mis expectativas son las de toda mamá: que el jardín pueda aportarle experiencias que la enriquezcan, que disfrute mucho, que explore cosas nuevas, que forme vínculos con los otros, que juegue, que aprenda, que exprese, que crezca, que el jardín sume para formarla como persona.
Pero además de la ansiedad propia de que empiece el jardín siento algo extra y está relacionado a su síndrome de Down: siento orgullo de saber que elegí transitar un camino que quizás será difícil pero que sé que es la mejor elección. Me tiene contenta haber apostado a la escuela común. Creo que es un poco el desafío que hay que dar si pretendo aportar mi granito de arena para que seamos una sociedad inclusiva.
Sé que muchas puertas se irán cerrando. Así lo reflejan las estadísticas que muestran que hay menor inclusión de personas con síndrome de Down en escuelas comunes a medida que va avanzando el nivel de formación. También lo demuestran la realidad cotidiana de los papás que recorren escuelas en busca de una vacante que no les dan.
¿Si tengo miedos? No, miedos no. Tengo preguntas: ¿podrá el jardín adaptarse a lo que mi hija va necesitando? ¿Cómo será su experiencia? ¿Cómo se vinculará Faustina con los otros niños? ¿Cómo serán sus maestros? ¿Cómo será su aprendizaje? ¿Hará amigos? ¿Qué dirán los otros papás de ella? ¿Sabré entender al jardín como cualquier otro papá?
Por ahora lo único que sé es que conocerá otras realidades, otras maneras de ser y de comportarse. Aprenderá de otros y aprenderán de ella. Tendrá buenos y malos días. Explorará y se asombrará de cosas nuevas, cantará canciones, jugará y crecerá compartiendo vivencias con su compañeritos y haciendo su propia experiencia en el Jardín. Por ahora, lo único que sé es que mi hija merece que yo haga lo posible y lo imposible para que su inclusión sea una realidad.
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Sé que muchas puertas se irán cerrando. Así lo reflejan las estadísticas que muestran que hay menor inclusión de personas con síndrome de Down en escuelas comunes a medida que va avanzando el nivel de formación. También lo demuestran la realidad cotidiana de los papás que recorren escuelas en busca de una vacante que no les dan.
¿Si tengo miedos? No, miedos no. Tengo preguntas: ¿podrá el jardín adaptarse a lo que mi hija va necesitando? ¿Cómo será su experiencia? ¿Cómo se vinculará Faustina con los otros niños? ¿Cómo serán sus maestros? ¿Cómo será su aprendizaje? ¿Hará amigos? ¿Qué dirán los otros papás de ella? ¿Sabré entender al jardín como cualquier otro papá?
Por ahora lo único que sé es que conocerá otras realidades, otras maneras de ser y de comportarse. Aprenderá de otros y aprenderán de ella. Tendrá buenos y malos días. Explorará y se asombrará de cosas nuevas, cantará canciones, jugará y crecerá compartiendo vivencias con su compañeritos y haciendo su propia experiencia en el Jardín. Por ahora, lo único que sé es que mi hija merece que yo haga lo posible y lo imposible para que su inclusión sea una realidad.
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